Varkala, Kerala, India

India en 42 días de mochileo

¡Bueno! Bienvenidos a uno de los posts que, tras haber viajado un montón por el mundo, creemos que es de los más útiles. India es enorme, sus lugares son muy diferentes entre ellos, y si no tienes una Lonely Planet super bien estudiada o eres muy fan del hinduismo o de los documentales de culturas raras, no vas a saber por dónde empezar.

Y ya vienen las respuestas: nosotros empezamos por dónde nos era más barato. Estando en Etiopía, encontramos buenos vuelos desde Omán hasta Mumbai, así que eso hicimos. Si tu caso es diferente y te apetece entrar por Nueva Delhi, que sepas que todo el mundo aconseja dejar la ciudad tal como aterrices, porque es un caos que te va a poner muy nervioso. Avisado quedas.

Esta es la primerísima visita que hicimos al llegar a Mumbai, la Puerta de India


Volviendo a nuestra ruta, como estuvimos tantísimo tiempo en la India, para la salud mental del que escribe y del que lee, dividiremos la ruta en dos: la India del norte, y la India del sur. Nosotros las unimos con un avión desde Varanasi hasta Kochi, y creemos que es una idea muy genial. ¡Sentíos libres de copiarla!

Empezemos a dar contexto a la ruta: aquí tienes un bonito mapa.
 


Mumbai. 6 días.

Acabamos de aterrizar, y son las 6 de la mañana. El taxi nos lleva del aeropuerto al albergue, y como aún no es la hora del check-in, tenemos que hacer tiempo. No fue muy buena idea creer que nos dejarían entrar en la habitación tan temprano, porque el albergue está lleno, y hasta que no marche alguien, no podremos entrar en la habitación. Así que seguimos con el plan: vamos a dar una vuelta por el barrio a las tantas de la mañana, y a ver dónde podemos comer algo.

A las 7 de la mañana intentando no dormirnos viendo a indios jugar al cricket


¿Qué nos encontramos? Pues con la India. Un montón de gente durmiendo en la calle, incluyendo niños desnudos con el culo lleno de mierda. Boom. Realidad. A lo mejor demasiada para ser el primer día... además, todos los establecimientos cerrados hasta las 8:00, así que sin haber dormido esa noche, todo era pesimismo.

Segunda explosión de realidad: el alojamiento en Mumbai es super caro. Nosotros nos alojamos en el Backpacker Panda Colaba, que aunque caro y sin ventanas en la habitación, es una buena manera de acostumbrarse a lo que se llevará en la India.

¡Un panda! Sí, esta es la cuqui entrada de nuestro hostel


Como a nosotros nos gusta mucho andar arriba y abajo, andando y explorando ya fuimos felices. Pero tenemos que recomendaros tres cosas.

La primera, la visita a los suburbios de Slumdog Millonaire. La organizan en el albergue del que os hablamos, y es una experiencia muy iluminadora. Nuestro guía era un chico que siempre había vivido en los suburbios, y que ahora estaba estudiando ingeniería informática.

La calle más famosa de los slums, donde viven Jamal y su hermano en Slumdog Millionaire


La segunda, ir al restaurante Bagdadi. Muy auténtico, muy de barrio, comida excelente y local, y bichitos correteando por la pared. Casi cada día comimos o cenamos en este restaurante, y algún día, hicimos doblete. Recordad: chicken butter masala, roti y chapati para compartir, y de postre, un caramel custard.

Boneless chicken butter masala y dhal acompañado del mejor roti de India


Y la tercera, por supuesto, más comida: la versión vegetariana, cuqui e higiénica del restaurante anterior se llama Kailash Parbat, y no es que sea una delicatessen, pero es un lugar excelente para pediros cosas que nunca antes habíais probado. Nuestra sugerencia: pedid pani-puri y chole bhature. Es demasiado poco, así que pedid que os aconsejen... pero al menos, probad eso.

Así nos pusimos las botas en Kailash Parbat

Pero... ¿qué vimos en Mumbai?

Lo que vimos mucho, mucho, fue la calle Colaba Causeway, que es la calle principal de Colaba. Está rodeada de puestecitos, como un mercado callejero. También vimos La Puerta de la India y el Taj Mahal Palace, en el mismo barrio de Colaba. Y como nos gusta patear, andamos un par de días por el paseo de la playa de Chowpatty.

Anna comprando pantaloncitos en el mercado de Colaba Causeway
El paseo de Chowpatty de día
Y el paseo de Chowpatty de noche con todos nuestros amigos indios


El último día para salir un poco del barrio, cogimos un autobús público y nos acercamos a Banganga Lake, ya de vuelta era de noche y pasamos por la estación de tren principal de Mumbai, CST Local Train Station. No nos esperábamos nada, pero es una estación super chula.

Y aquí nuestro selfie en Banganga Lake
La super estación de tren iluminada, ¡parece un castillo de Disney!


Cuando ya estábamos un poco hartos de la enormidad de Mumbai, decidimos marchar. Hablamos con el equipo del albergue, y unos nos recomendaron ir hacia el norte, y los otros hacia el sur... y no sabemos muy bien si elegimos bien o no, pero fuimos hacia el norte, que es a dónde va todo el mundo. Así que hablamos con ellos para que nos reservaran un autocar, y el día D nos plantamos en una plaza a esperar a nuestro autocar nocturno, que tardaría unas 14 horas en llegar a...

Nuestra habitación en el autocar nocturno con mochilas incluídas


Udaipur. 5 días.

Muchas vueltas en Udaipur. Mucho andar en Udaipur. Y mucho hotel en Udaipur.

Udaipur es una ciudad muy grande, pero la parte turística es tan sólo el centro. En Udaipur cambió nuestra imagen sobre los indios, porque al alejarse de la ocupadísima Mumbai, la humanidad crecía. La gente ya nos decía cosas de buen rollo por la calle, en algún restaurante tuvimos alguna concersación interesante, en algún hotel estuvimos hablando muchísimo con la recepcionista... primeros pasitos antiviajeros.

Nuestro primer amigo indio en el City Palace de Udaipur
Anna junto a dos vaquitas sagraditas

A parte de visitar el City Palace y los lagos de esta ciudad sagrada, fuimos al mirador. Se puede acceder en teleférico pero como a nosotros nos gusta subir montes buscamos la ruta para subir andando. La podéis ver en Wikiloc, of course.

Bonito atardecer desde el mirador de Udaipur

Nos alojamos en tres hoteles diferentes, pero sólo os recomendamos dos: el Mahendra Prakash, un antiguo palacio reconvertido en hotel, y el Banjara Retreat, muy espacioso y reformado, y dónde la recepcionista nos ayudó a reservar el tren que al día siguiente nos llevaría a Pushkar.

Las increíbles vistas a Udaipur desde el rooftop de Banjara Retreat


Pushkar. 3 días.

¡Qué buenos recuerdos de Pushkar! Acertamos un montón con el alojamiento: The Country Side Resort. Fantástica habitación, fantástica piscina, fantástico jardín, fantástica conexión a Internet, y mejor comida. De cabeza.

Esta es la maravillosa piscina de The Country Side Resort

Si queréis salir del hotel, Pushkar es una ciudad sagrada, y eso significa que no se puede beber cerveza y que, en principio, si estás ahí es para peregrinar y rezar. Pushkar es una ciudad pequeña que envuelve a un lago artificial. Tiene mucho encanto, y eso que nosotros no estamos interesados en la religión.

El atardecer desde esta ciudad sagrada es precioso

El plan: descalzos, dad la vuelta al lago, y entrad al templo Brahmaji. Atended a las ceremonias indias, dónde dan dinero en una zona del templo a cambio de flores y cosas, y las van ofreciendo en otras partes del templo. Del mundo religioso, creemos que es de lo más bonito que encontraréis en la India, así que no os lo perdáis. Y si estáis interesados en el hinduísmo, no os ofendáis por nuestro desconocimiento sobre lo invisible, por favor. Vamos de buenas, però on no n'hi ha, no en raja.

Roc con las vaquitas que andan libremente por el lago sagrado de Pushkar

Lo que sí nos interesa a los antiviajeros es la comida, así que en Pushkar hicimos unas clases de cocina. Cocinamos tantas cosas diferentes, con tantos ingredientes, que la verdad es que lo hemos olvidado todo... excepto una cosa: los curries indios llevan una masa hecha mitad allioli, mitad jengibre machacado. Oh, y mucho aceite y mucha mantequilla. El séptimo cielo para los que se quieran adelgazar. A todo esto, si queréis hacer las clases de cocina que nosotros hicimos, escribidle un email a Shivani Tak. Por cierto, nosotros pagamos 1800 rupias por cabeza, unos 22€. A lo mejor lo podéis negociar mejor, pero estáis alimentando a la economía real. Mola.

Aquí preparaditos para hacer delicioso roti y delicioso nan!
Anna con nuestra maestra cocinera
El resultado de dos horas de cocina: demasiada comida


Jaipur. 3 días.

Si cometéis el error de mirar otros blogs de viajes, ya conocéis Jaipur: la ciudad rosa. En teoría, toda la ciudad es de un color rosa super cuqui, y si miras fotos de Jaipur en instagram, todo el mundo publica fotos dónde las paredes son de color rosa unicornio.

La realidad es otra. Los antiviajeros somos los reyes del color: aunque Roc sea daltónico, Anna es diseñadora de moda, así que amigos, os aseguramos que Jaipur no es rosa. Es Coral Haze, frikis del Pantone. Y no es el rosa que se imagina nadie... es como si a los edificios les hubiera caído una cascada de té masala encima, ¿y sabéis qué? El té masala es marrón.

A parte de ese pequeño fracaso, en el centro de Jaipur hay un mercado enorme, una imagen muy viva de la India. Nosotros fuimos a dar vueltas, y un indio muy amable nos increpó diciéndonos que los turistas mirábamos mucho y no comprábamos nada. Un amor de mercader, pero suspenso en técnicas de marketing.

Finalmente, la turistada: no puedes perderte una fotito ante el palacio Hawa Mahal. A nosotros no es que nos chifle la arquitectura, pero recordamos muchísimo este edificio. Tiene mucha personalidad, no sé. Es muy rectilínea, pero a la vez es muy diferente a todo lo que hayamos visto. Si queréis un análisis arquitectónico en profundidad, no somos nosotros, pero sí que tiene su qué. Po' a mi me ha gustao'.

Sí, la calle de delante del Hawa Mahal es super transitada.

¡Nos estamos olvidando de una super recomendación! En Jaipur está el cine más cuqui de todo India, Raj Mandir. Es un cine clásico precioso al que puedes ir a ver películas de Bollywood. Aunque las películas están en hindi, van soltando muchas frases en inglés así que te enteras de toda la peli. Nosotros vimos Parmanu: The Story of Pokhran. Un peliculón que explica cómo la India vaciló muy fuerte a EEUU mostrando su potencia militar. Cosas indias.

Así es el cine Raj Mandir todo iluminadito de noche
Y así es por dentro, ¡esto si que es color rosa!

En Jaipur nos subimos a un tren que nos dejó en Agra en unas horas... no muchas. Perdón por la exactitud.

Agra. 3 días.

Llegamos a Agra a las tantísimas de la noche. Negociamos un tuktuk hacía nuestro hotel, y nos tocó uno un poco farlopero, con una fiesta encima que no cabía en el tuktuk, y la música rebentandonos los tímpanos. Agra venía fuerte.

El calor era insoportable. Por suerte, nos alojamos en un hotel cinco estrellísimas por 30€ la noche, el Crystal Sarovar Premiere Agra. Al día siguiente, visitamos el Taj Mahal a las 8 de la mañana para no morir del calor en la visita. Era mayo y las temperaturas llegaban a los 45 grados así que, ¡tocaba madrugar!


Y aquí estamos, ¡en el Taj Mahal!
Pues es la mar de bonito, ¿no?

Al tercer día, nos subimos a otro autocar nocturno, que tardaría 13 horitas a llegar a Rishikesh. 

Rishikesh. 7 días.

Rishikesh es una especie de Cadaqués para los indios, pero en vez de estar a la orilla del mediterráneo, está en la ribera del Ganges. Es un pueblo pequeño, a petar de turismo local, con buena oferta de restaurantes cuquis, y un poco de actividad aventurera.

El puente más transitado de la ciudad, por él pasan personas, vehículos y vacas.


En Rishikesh lo pasamos un poco mal. Por culpa de no conseguir espacio en el tren, estuvimos más tiempo del deseado, y además, en un hotel dónde el aire acondicionado no funcionaba, la electricidad tampoco, y el precio era altísimo, unos 50€ por noche.

La atracción principal es hacer rafting. Nosotros no tuvimos muchas ganas, e hicimos una ruta por el monte que más tarde publicamos en Wikiloc, y que no aconsejamos demasiado. Eso sí, hubo algo bonito: conocimos al perro del such antiviaje, much water.



Varanasi. 3 días.

Rishikesh y Varanasi comparten el Ganges, pero como sabrás, aquí el color ha empeorado un montón. Es aquí dónde incineran los cadáveres y los tiran al río...

Nosotros no vimos ningún cadáver pero más adelante se ve el humo


Nuestra experiencia en Varanasi fue demasiado corta por tres razones: una, porque fue demasiado larga en Rishikesh, dos, porque teníamos el vuelo hacia el sur desde aquí. Y tres, porque Roc enfermó infinitamente, y se vació, por arriba y por abajo. Un festival, digno de la comida india. Estuvo enfermo durante días... así que no nos alejamos demasiado del hotel.

No tenemos mucho que explicaros de Varanasi, pero realmente creemos que es de las ciudades más aconsejables de toda la ruta del norte de India. En Varanasi encontrarás lo que te esperas encontrar de la India.

Muchísima gente reunida para ver la ceremonia del Aarti cerca del Ganges

Kochi. 2 días.

¡Llegados Kerala, el sur de India, por fin! ¡Qué diferente es esta India! En el norte todo es caos, suciedad y más suciedad. Aquí también, pero un poco menos. India nos ha dotado de un nuevo superpoder: ser capaces de diferenciar diferentes niveles de contaminación visual. Y Kerala no está tan sucio, ni hay tantísima gente, ni se vive tanta pobreza.

Kerala es verde y además llueve que flipas


Si Rishikesh es el Cadaqués de Catalunya, Kochi es la Gracia de Barcelona. Restaurantes exigentes, calles bonitas con mucho verde... un oasis en la India. Fue aquí dónde volvimos a comer japonés, en The Asian Kitchen.

Por alguna razón, quisimos avanzar hacia Alapuzzha demasiado rápido, y nos arrepentimos. Si tienes tiempo, dedicarle 3 o 4 días a Kochi puede estar muy bien. Además, gente que conocimos en Varkala nos comentó más cosas de Kochi que nos habría gustado conocer, pero que por alguna razón, ignoramos totalmente.

Pescadores con las enormes redes chinas de fondo


Alapuzzha y Kochi Backwaters. 2 días. 

Alapuzzha en sí es un pueblo rodeando unos canales, sin mucho atractivo, pero con un especial: los backwaters. Canales que aún hoy en día ayudan a que la gente del pueblo pueda transportar productos entre proveedores y clientes. Así, la zona rural se comunica fácilmente con el centro del pueblo.

¿Lo bonito? Que organizan salidas en barco como si fuera un hotel, para tí solito. En el barco sólo estáis vosotros, el capitán y el cocinero. Navegas todo el día, paras para dormir en el propio barco, y vuelves a zarpar por la mañana, para que te dejen en el embarcadero.

Si queréis saber por dónde nos llevó el barco, aquí la ruta del primer día e aquí la del segundo.

Y ese mismo día, nos subimos al tren que los llevaría hacia Varkala, el último destino bonito de Kerala.

¡Nuestro capitán en el timón!
La habitación del backwater, una pasada, ¡mirad qué vistas!
Anna paseando por una de las callejuelas de los canales
Y nuestras caras de máxima felicidad a bordo del backwater


Varkala. 5 días.

¡El último pueblecito de la India! Varkala es un pueblecito costero que rodea un par de playas, vigiladas por altos acantilados. En temporada alta dicen que está a reventar de gente, pero en junio, como es tiempo de monzón, no hay demasiada gente, y casi casi se puede disfrutar de la soledad.

Varkala y su impresionante acantilado


En Varkala, Roc se volvió a encontrar mal, así que tampoco fue una fiesta. Aprovechamos para descansar, mantener al día el blog, y en resumen, tomárnoslo con calma.

Nos alojamos en dos hoteles, pero sólo os recomendamos uno: el Maadathil Cottages, apartado del centro del pueblo, pero como ahí mismo pudimos alquilar una moto, eso no fue un problema. Además, el restaurante estaba bien, había una playa pequeña al lado dónde nos pasamos alguna hora jugando con las olas... un sitio tranquilo.


La casita en la que vivimos en Maadathil Cottages


Y las increíbles vistas desde la puerta de nuestra casita


Y en dos días salía nuestro vuelo hacia Sri Lanka desde el aeropuerto de Chennai, así que era hora de tomar un tren que nos llevaría a Thiruvananthapuram, la ciudad principal del sur. Desde ahí nos subiríamos al último autocar nocturno, que nos dejaría en la última gran ciudad.


Chennai. 2 días.

El autocar nos dejó al lado de la estación de metro de Koyambedu, y nos explotó la cabeza. ¡Qué manera de despedirnos de la India! El metro de Chennai no tiene nada que envidiarle al de Barcelona, y en algunos casos, es incluso mejor. Fue aquí dónde vimos por primera vez los tokens del metro. ¿Qué es eso? ¿Pues sabes la tarjeta de un sólo viaje de cualquier metro español, que es un trozo de papel que lo usas una vez y nunca más? Pues en el metro de Chennai, el billete individual es una moneda de plástico azul. Con ella abres la primera puerta al metro, y cuando te dispones a salir del metro, la devuelves para que se abra la puerta de salida. Y así, reciclan lo que en Barcelona sería un billete simple.

Roc en la estación de metro de Chennai sujetando un token en la mano

Y bueno, eso es lo más interesante de Chennai. Tiene un aeropuerto, hoteles muy caros en comparación al resto de la India, y restaurantes mucho peores. O no supimos encontrarlos... o no lo hay. Sorry.

Qué final más pocho para un país tan interesante...

La conclusión

No, no voleremos a la India, y tampoco la recomendamos. Es un destino muy mochilero, muy aventurero, que te cambia mucho el modo de ver el mundo... pero todos los países lo hacen a su manera.

Si no te estamos convenciendo de que no vayas a la India, haz una cosa: primero ve a Sri Lanka. No tiene su cocina, pero tiene otras cosas que están mucho mejor: es más pequeña, la gente es más buenrollera, hay muchísimo verde, hay mucha menos suciedad, y encima, sorprendentemente, es más barata. Si vas a Sri Lanka y te gusta, te dejamos ir a la India al siguiente año... pero de entrada, no lo hagas.



Este post lo empezamos a escribir en Varkala, Kerala, India

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