Izamal, Yucatán, México

México en 28 días de mochileo

¡Oh dios mío, qué ganas de contarte esta ruta con tantísimo detalle!

Creemos que esta va a ser una de las mejores rutas de todo el blog. Tras la turra de 48 días en Chile y 27 días en China, tenemos muchísimas ganas de escribiros esta ruta día a día. Esto normalmente no sucede, porque como improvisamos bastante, se nos tuercen los planes o simplemente alargamos más de lo que normalmente se puede, y tampoco nos quedan unas rutas demasiado bonitas para alguien que busca hacer unas vacaciones de dos semanas o un plan más típico. Pero en los 8 días que llevamos en México, todos los planes nos están yendo tan bien, que esto es digno por una parte de que lo recordemos para toda la vida, y por otra, de que os lo copiéis de mala manera.

Una previa: nosotros veníamos de Costa Rica, y el plan era seguir hacia Nueva York. Entre una cosa y otra, le dedicamos a México 26 días. El plan era aterrizar en Ciudad de México, estar unos días, desde ahí volar a Mérida, que era el vuelo al Yucatán más barato, y desde ahí dar vueltas hasta terminar en Cancún, dónde volar a Nueva York. Tú cuenta que si tomas la gran decisión de copiarnos, debes aterrizar en Ciudad de México y volver a casa desde Cancún. O hay quién elegiría fatal y no iría a Ciudad de México para ahorrarse unos días de vacaciones. Feel free! Si es así, tan solo tenéis que robarle 5 días a Ciudad de México, aterrizar en Mérida directamente, y ya está.

Bueno, dicho esto, ¡allá vamos! Enciende la impresora, la fotocopia o lo que sea que tengas y ¡prepárate para copiarte este rutote!


Ciudad de México. Del día 1 al día 5.

Bueno, para empezar, en Ciudad de México (a partir de ahora, CDMX, que queda más trendy, cool, modernete y sobretodo, corto) hay dos barrios que parece que están bien para dormir: uno de ellos es Roma, y el otro, Coyoacán. Roma es un barrio un poco de expats. Todo es bastante... europeo. La versión mexicana de los locales, tiendas y locales chic de Barcelona. Ese ambiente hipster y un poquitín aburrido. Un barrio tipo ensanche. ¡Oh! ¡Basta ya! Estuvo bien para visitarlo un día, pero para dormir, mejor la segunda opción: Coyoacán. Y antes de seguir hablando maravillas de nuestra casita por cinco días, a lo mejor os sentís tentados de dormir en el centro histórico. Y os diremos que también es bonito para visitarlo un día, pero es demasiado céntrico: muchísima gente para tan pocos restaurantes locales.

Ahora sí, hablemos de nuestra casita: vivimos y dormimos 5 días en Villa Alfonsina, un hotel familiar regentado por una pareja de señores y un chico de unos 30 años. Eran todos un amor. La habitación era genial, el precio muy correcto, estaba en el barrio de Coyoacán, y encima, a cruzar la calle de La Casa Azul, el Museo de Frida Kahlo.

En nuestros cinco días en CDMX fuimos a tres museos, y hubieran sido cuatro si algo cultural abriera el lunes. El primero fue el Museo Nacional de Antropología, un museo que nos recordó la National Gallery de Londres: enorme, enorme, enorme. Muchísima información de antiguas civilizaciones que ocuparon el territorio que ahora es México. Fue el museo que más nos gustó de CDMX. Te interese o no el tema, hay tantísimas cosas tan bien cuidadas, que seguro que te gustará. Si no, es que tienes horchata en la sangre. Por cierto, luego te comentamos, pero en México sirven agua de horchata... El segundo museo fue La Casa Azul, el Museo de Frida Kahlo. Es un imperdible. Aunque seas un ignorante de las artes y un insensible de la vida, La Casa Azul te despertará algo. Nos fuimos un poco decepcionados porque no había tanta obra de Frida como nos hubiera gustado, pero alguna de sus obras nos regiró el corazoncito más de lo que nos pensábamos. Y el tercero fue el Palacio de las Bellas Artes, en el centro histórico. En él encontramos la vida y milagros de un artista muy importante que conoció a Aldous Huxley y Ray Bradbury, pero lo que más nos gustó fueron los murales enormes que habían de varios artistas que formaron parte del muralismo mexicano, entre otros Diego Rivera, el señor que se daba besitos con nuestra cejijunta favorita.

Y a parte de museos y pasear por el centro histórico, hicimos otra cosa: comer demasiado. Pero demasiado demasiado. No es para hacer la gracia: en CDMX fue el único lugar de un año y medio de viaje dónde tuvimos que tomar sal de frutas para acelerar un poco la digestión. Antes de nada, os avisamos: pedid la mitad de lo que pediríais. Y no vayáis de fuertecitos, que nosotros también lo vamos y terminarse los platillos, como dicen ellos, fue muy duro. Ahora sí, ¡hablemos de comida! Vamos a poner los restaurantes que más recordaremos de todos los que visitamos:

La cocina de mi mamá: uno de los dos restaurantes que visitamos en el mercado de Coyoacán. Un día almorzamos ahí, y el otro, desayunamos. Las dos fueron comidas copiosas, con especial mención al desayuno, dónde una sincronizada que apareció el doble de grande que nos esperábamos nos dejó sin almorzar ese día, y por poco, de merendar y cenar y desayunar al día siguiente. El almuerzo fue lo más especial, protagonizando un arroz con mole y unas calabacitas rellenas de queso. ¡Oh!

Taquería los Parados: otro restaurante cerca del hotel. En este caso un restaurante especializado en tacos. Fue nuestra primera y última cena en CDMX. No nos pareció súper especial, ni súper barato ni súper nada, pero es el típico restaurante de barrio que cierra a las tantas, dónde siempre hay gente y que, encima, era el único que estaba abierto el día que aterrizamos a CDMX.

Taquería Álvaro O: la taquería dónde comimos en nuestra escapada por el barrio de Roma. Como queríamos algo ligerito, pedimos sólo dos tacos... pero no entendíamos que eso significaba que eran dos órdenes de tacos, y por tanto, cuatro tacos en total. Terminamos con la barriga demasiado llena de unos envueltos de queso frito que enrollaban carnes por un lado y champiñones por el otro. Y aquí fue dónde descubrimos el sagrado grial mexicano: ¡puedes pedir horchata para comer! Es horchata de arroz en vez de chufa, y a veces está un poco aguada... ¡pero puedes pedir horchata para comer!

Los tres coyotes: un restaurante que tiene dos locales: uno en el mercado de Coyoacán, y otro a unas tres calles de ahí. En el del mercado desayunamos (por supuesto, demasiado), y en el del exterior almorzamos una ensaladita y un guacamole. ¿Y de beber? ¡Otra horchata! Es un restaurante súper típico, que como todos los que te comentamos, está a petar.

Salón 16: el restaurante dónde almorzamos tras dar muchísimas vueltas por el centro. Nos zampamos un queso derretido con chistorra (¡ojo!) y medio quilo de carnitas. Las carnitas son trozos de carne de cerdito, cocinadas con agua y sal durante unas cuatro horas, y luego servidas con tortillas. O eso nos explicaron. El resultado es una carne grasosita, perfecta para acompañar la ligera ración de queso con chistorra. Volvimos dando vueltas a casa, por supuesto.

Café el Jarocho: impresionante. En esta cafetería nunca hay sitio para sentarse. Así que la clientela ocupa la calle y se sienta por dónde puede. Sirven un café que en teoría es delicioso pero a nosotros nos pareció normalito, y donas. ¿Donas? Sí, donas. Una dona es lo que vendría a ser un donut, pero hecho en casa y pronunciado con un acento mexicano muy guay. Y sí, de verdad que en el menú ponía "dona", jijiji

Por cierto, para moverse por CDMX hay dos opciones: ir en metro o en autobús, que vale 5 pesos por persona (0,23€), o ir en Uber. Para que te hagas una idea, ir del hotel a Chapultepec en Uber cuesta unos 5€, lo mismo que ir del hotel hasta el aeropuerto. Una solución para vagos que está muy bien cuando en CDMX se sienten los 35ºC a mediodía.

Y sobre andar, anduvimos bastante por el parque de Chapultepec, por el centro histórico y por Coyoacán. Muy bonito todo. Muy normal también. Llevamos demasiado tiempo de viaje así que es difícil que nos sorprendan las cosas... ¡pero visita el Museo Nacional de Antropología, recuerda!

Al quinto día nos desperamos a las 3:30, porque teníamos que ir al aeropuerto, porque nuestro avión hacia Mérida salía a las 6:15... que sueño. Pero bueno, así dejamos CDMX y llegamos a

Mérida. Del día 6 al día 7.

En Mérida disfrutamos, por primera vez, del horror de vivir a 40ºC en México. Está bien si te gusta deshacerte por dentro. Es una sensación genial, sobretodo cuando tus parientes catalanes están sufriendo una ola de calor que también los tiene a 40ºC y ves que sus memes sobre su clima se emparejan perfectamente con el tuyo. ¡No estás solo!

Dice @clara.fosca que parece que ponga merda 💩

Mérida, cuando no hace tanto calor, es un lugar bonito, con personalidad. A ojos comunes es una ciudad con poca cosa, pero si te fijas, todo está pintado a todo color y tiene detalles que enamoran mucho, como unas sillas en la plaza principal dónde hacerle fiestecitas a tu pareja. Si vas, ¡ya las verás! Que demasiado spoiler te estamos haciendo ya...

En Mérida también visitamos un museo, el Museo Fernando García Ponce - Macay. Toma ya. Es un museo de arte contemporáneo y protagoniza lo abstracto, que a nosotros no nos llegó demasiado. Pasada la treintena de edad ya no estamos para cosas complicadas. ¿Más de un botón? ¡Imposible!

Arte conceptual en el museo del nombre largo
Si te tenemos que recomendar un lugar para comer en Mérida este será La Chaya Maya, un restaurante de toda la vida que ofrece cocina yucateca a precios correctos. Fuimos dos noches. La primera, pedimos la cochinilla pibil, una orden de vaporizados, y agua de horchata, que resultaron dos litracos que nos dieron para la cena y para el desayuno del día siguiente. Y el segundo día ordenamos una ensalada de verduras y unos tacos fritos que nos parecieron un poco raros. Es lo que pasa por atreverse.

Por cierto, nosotros estuvimos dos días enteros Mérida, pero si vas corto de días, puedes arrancarle un día a Mérida. O los dos, si tal como aterrizas alquilas un coche y te marchas. Si decides quedarte, nosotros dormimos en un hotel correcto llamado Casa XunanKab. Habitación doble, baño privado, aire acondicionado y una neverita: lo imprescindible para sobrevivir a 40ºC.

Ruta Puuc. Día 8.

Al tercer día nos despertamos temprano, desayunamos caro y mal en la archiconocida Cafetería Impala, alquilamos un coche pequeñísimo en Yucatán Vacations por 550 pesos al día (25€), y nos marchamos en nuestro nuevo bólido a recorrer la Ruta Puuc: una zona arqueológica con muchas ruinas, entre ellas Uxmal, que por lo que dicen en internet es un imperdible. Como nos da igual perdernos lo imperdible y la entrada valía 413 pesos por persona (19€) y 80 pesos para aparcar el coche (3,67€), decidimos saltárnosla e visitar las otras ruinas más humildes, que valen 60 pesos por persona (2,76€) y aparcar es gratis. Te vamos a hacer los deberes y a ponértelo muy fácil: nosotros encontramos muchísima información en Yucatán Today, una revista en papel que nos dieron en la agencia de coches. Y hemos encontrado la versión digital del artículo de la Ruta Puuc. A nosotros nos fue de perlas para saber los precios y qué ruinas saltarnos. Por supuesto, si no hace un año y medio que viajas y tienes el presupuesto que brinda ocho horas al día delante de un ordenador, no te saltes Uxmal. Y alquila un coche grande, aunque no sea necesario porque la carretera está bastante bien. Y compra esta app para dejar de fumar, fumes o no fumes.

En vez de entrar a la Ruta Puuc por las Grutas de Loltún, fuimos hacia Uxmal para ver si era muy rollo Port Aventura, y sí que lo era. Así que seguimos nuestra ruta ajustada al presupuesto mochilero. Fuimos a tres ruinas: Kabah, Sayil y Labná. No son gran cosa, pero es un primer acercamiento a la arquitectura maya. Para nosotros fue una experiencia recomendablísima.

Los restos arqueológicos de Kabah, en la Ruta Puuc de Yucatán

Por lo que hace a dormir, nosotros nos alojamos en el pueblo de Ticul, donde estrenamos la temporada de piscinas en la Posada El Jardín. Y también empezó la temporada de dormir en habitaciones de dos camas de matrimonio. ¡Les sobra el espacio! En este hotel disfrutamos de la compañía del señor que lo regentaba, que nos recomendó uno de los mejores restaurantes humildes dónde hemos comido en México: el Lucinda. Increíbles nachos con pollo e increíbles tacos arranchera.

Día de cenotes yucatecas. Día 9.

El noveno día lo dedicamos a conocer tres cenotes yucatecas: el Yaal-Utzil, el Kankirixche y el Yaxbacaltun. 30 pesos, 60 pesos y 30 pesos respectivamente. De nuevo, si tienes un presupuesto de ocho horas al día frente al ordenador y ya has comprado la app de dejar de fumar, muchos lugareños nos recomendaron los cenotes de Cuzamá. Parece que son 3 cenotes que están juntos y son preciosos, pero nos tiró atrás la entrada de 400 pesos por cabeza. ¡Que a ti no te eche atrás!

La llegada al primer cenote: el Yaal-Utzil

Tras mojarnos mucho en muchos lugares, conducir rodeado de mariposas y cruzar unos mil pueblecitos mexicanos aproximadamente, llegamos a Izamal, donde dormimos. Nos alojamos en los Departamentos X'Kanlol: una habitación enorme y parking para el cochecito. En busca de la exquisita cena de la noche anterior llegamos al Café los Arcos, que cumplió con la alta expectativa. Y tras la cena, estuvimos escribiendo este post y fuimos a dormir temprano, porque la idea era despertarse temprano el día siguiente. Por cierto, a Izamal lo llaman "el pueblo amarillo", y ya veréis por qué. Es muy cuqui.

Chichén Itzá y Valladolid. Día 10.

Al día siguiente nos despertamos a horas intempestivas para llegar al Chichén Itzá antes de las 10:00, como nos habían recomendado los mexicanos con los que nos cruzamos. Y así lo hicimos. Fuimos de Izamal al Chichén Itzá por la carretera de pago, que son dos carriles y pudimos poner el bólido a 110km/h sin escaparnos de la legalidad. El peaje costó 100 pesos (4,60€). Desayunamos mediocrete de camino en la Lonchería los Arcos. Y en nada llegamos a Chichén Itzá. La entrada fueron 480 pesos por persona (22€) y 80 pesos del parking (3,67€). Se puede aparcar fuera, de gratis, pero como llevábamos las mochilas con nuestros hogares dentro, nos dio cosa. Por cierto, la entrada nos pareció cara al principio, pero la verdad es que cuando salimos, salimos muy contenticos.

Anna le enseña a hacer la rueda a la séptima maravilla del mundo

Sobre el mediodía pusimos rumbo hasta Valladolid. Nos habían dicho que era una ciudad muy bonita y tal, pero la verdad es que por gustarnos, nos gustó más Izamal y Mérida. Lo más destacable de la ciudad fue el helado de chocolate que nos comimos en Wabi Gelato, y el hotel dónde nos alojamos, el Hotel Peregrina, donde dormimos tres veces: tal como llegamos, tras almorzar y tras cenar. ¡Qué camas tan enormes! Esa tarde vivimos un tormentazo, con los truenos más fuertes que hemos oído jamás, así que si el pueblo no nos gustó, a lo mejor es que el tiempo tampoco acompañó. Pero si te podemos dar un consejín, sáltate Valladolid. Como mucho ven a hacer un heladito, y vuelve a dormir a Izamal, bien amarillo.

Día de moverse: de Valladolid a Mérida y a Bacalar. Día 11.

Este día es un día un poco largo: despertarse en Valladolid tempranito, conducir hasta Mérida para devolver el coche de alquiler, comprar una GoPro nueva en el Walmart porque la antigua dejó de funcionar mágicamente, y subirte a un autocar de la empresa ADO hasta Bacalar. El trayecto Mérida Bacalar cuesta 488 pesos por persona (22,50€) y dura unas cinco horas. Los autocares ADO salen de la terminal ADO came, en el suroeste del centro. Suficientemente lejos para ir en Uber y conocer a otro taxista amable, como todos los mexicanos.

En Bacalar hay un montón de restaurantes, que de momento no os vamos a comentar porque en Google Maps hay mucho para elegir con mucha nota. Pero lo que sí que vamos a deciros es que nos alojamos en el hotel Gran Balam, uno de los hoteles más baratos que encontramos a último momento, y que no está cerca del centro, pero nos cuidaron mucho y las camas eran muy cómodas No muy grandes, pero habían dos de matrimonio por habitación, que a estas alturas ya hemos visto que en México es lo habitual.

Bacalar. Del día 12 al día 16.

Nuestros cinco días en Bacalar se basaron en tener una rutina como de gente mayor. Nos despertábamos a la hora límite para desayunar en el hotel, hacíamos el vago hasta la hora de almorzar, almorzábamos en algún restaurante normalito, y directos a bañarnos a la laguna. El único día que variamos la rutina fue el día que hicimos un tour en barquita a motor por la laguna. Nos llevaron a ver un par de cenotes sin podernos bañar, luego fuimos a una islita muy bonita a no hacer nada, y luego al Canal de los Piratas a saltar desde un murito para ver si nos hacíamos daño o no. ¡Y oye, todo muy bien!

¡Así luce el Canal de los Piratas! Y nosotros, y nosotros.

Nuestro plan era estar en Bacalar tres días pero alargamos a cinco. Ya ves, nos enamoró mucho. El agua es del color turquesa más bonito que hemos visto en un año y medio de viaje por el mundo. Es muy mágico. Emboba mucho. Además, durante la temporada en la que estuvimos en México las playas que daban al Atlántico estaban llenas de sargazo. Nos daba palo dejar la laguna para ir a una playa en la que no podríamos bañarnos y que encima, estuviera feúcha. Así que estuvimos alargando en Bacalar, con agüita turquesa, bien limpia, con poco turismo y precios amigables.

Si quieres ver más fotos de la Laguna de los 7 colores, que es como le llaman a la laguna de Bacalar, dale un vistazo a estos dos posts en Instagram, ¡que son muchas fotos y se nos llenaría la ruta de color! Ahí van: link al primer post + link al segundo post.

El último día, nos despertamos a horas más comunes y fuimos a la estación de ADO a subirnos al autocar que nos llevaría a

Tulum. Del día 17 al día 18.

Hay gente que dice que Tulum es el Bali de México, pero claro, eso será cuando no hay sargazo. Cuando nosotros vinimos había muchísimo sargazo, y una mancha de 1.000 km² aproximándose a Cancún. Perfecto.

En Tulum tan solo fuimos a visitar las ruinas, a pedalear y a comer. Es clave que sepas que por Tulum la gente se mueve en bicicleta porque es muy planito, y hay un carril bici que va desde el pueblo hasta las ruinas, dónde además, hay un sitio para aparcar y atar las bicicletas. Así que es un punto alojarse en un hotel que te preste bicicletas durante el día. Nosotros nos alojamos en el Hotel Turquoise Petit, el hotel más bonito de nuestra rutita por México, y además, el que tenía más piscinas.

Que sepas que de aquí en adelante, dirección a Playa del Carmen, Cozumel, Cancún, Isla Mujeres y Holbox, los precios de todo casi casi se duplican. ¡Es momento de dejar atrás el hippismo y adentrarse al turismo norteamericano!

La segunda mañana nos despertamos a horas correctas y fuimos a la estación de autocares de ADO, dónde compramos dos pasajes hacia Playa del Carmen con la empresa Mayab, que cuentan con autocares más humildes, pero que valen 44 pesitos en vez de 88 (2€ en vez de 4€).

Playa del Carmen. Tres horitas del día 19

Nuestra idea en Playa del Carmen era comprar una carcasa para poder submergir la GoPro a más de 10m bajo el agua, almorzar y tomar el bus hacia Cozumel. Y así lo hicimos. Si alguien lee estas líneas y se encuentra exactamente en la misma situación que nosotros, que sepa que es facil encontrar la carcasa de la GoPro 7 Black, pero no la de la GoPro 7 White. Pero la encontramos, por supuesto de origen chinorri, y pagamos 1.100 pesos por ella (51€). ¡Oh! Y comimos en un tailandés llamado Po Thai que fue muy pero que muy bueno. ¡Grandes recuerdos del massaman y el pad thai con Biel, Eri y Esteve!

Tal como nos comentó el hostel dónde nos alojaríamos en Cozumel, la empresa que elegimos para el ferry fue Ultramar. El boleto de ida y vuelta a Cozumel son unos 40€ por persona. Si quieres mirar si ha cambiado el precio, dales un vistazo a su web oficial.

Cozumel. Del día 19 al día 25.

¡Oh! ¡Dolor! Nuestro plan a partir de aquí era sacarnos el Open Water, el certificado de submarinismo, pero de estar tantos días en la piscina, a Anna le empezó a doler el oído y resultó ser una otitis que se curaría en cinco días. Así que en Cozumel hicimos un parón que se nos comería el resto de la ruta por México.

Te vamos a comentar las cosas que hemos ido aprendiendo estos días. La cosa está un poco mal si vienes con un presupuesto ajustadito. Compartamos como buenos hermanos los números que conseguimos:

Como no hay transporte público hasta las playas cuquis, tienes que alquilar una moto o un coche. La moto cuesta unos 350 pesos de media (16€), y el mínimo que nos han pedido por un coche con aire acondicionado durante un día son 800 pesos (37€). Son precios bastante locos por lo nefasto del estado de las máquinas de por aquí.

Sobre los tours de snorkel, salen a unos 1.250 pesos de media por persona (58€). Muy loco.

Sobre el certificado Open Water, nos mejor que nos han ofrecido son unos 400 USD (355€). Al final, como nos daba cosa pasarnos tantos días bajo el agua nos decidimos por hacer dos inmersiones en un día, eso que al principio te enseñan todo lo que tiene que ver con seguridad, y pagamos 140 USD (124€).

Nos alojamos en dos sitios: el Hostel Caribo Cozumel y el Villa Las Flores. El primero no nos gustó demasiado, porque era el más barato de Cozumel según Booking, pero no había mucho amor en las instalaciones. Y el segundo nos encantó, porque fuimos a preguntar en persona y nos salió más barato que el primero, y encima las habitaciones eran mucho más bonitas. Todo dentro de la humildad, pero así nos movemos nosotros.

Nuestro resumen sobre Cozumel es que las cosas por aquí son muy caras y tampoco son tan bonitas. Si te gusta hacer submarinismo es una parada obligada, pero si lo que buscas son las típicas playas blancas de ensueño que has visto en Instagram, es un sitio un poco difícil para moverse, te sientes un poco encerrado, y encima los precios son una locura. ¿58€ por un tour de snorkel? ¡Vayámonos a Indonesia o Filipinas a la de ya!

Holbox. Del día 25 al día 27.

El viaje a Holbox fue un poco durete: un ferry de Cozumel a Playa del Carmen, un autocar hasta Chiquilá, y otro ferry hasta Holbox.

En Holbox estuvimos sólo dos días, pero si hubiéramos tenido tiempo habríamos estado un poco más. Lo bonito de Holbox es que queda en un punto donde no hay sargazo, así que es un destino playero que siempre está bien. Nuestra aventura por Holbox se divide en dos:

La primera parte es que, tal como llegamos, nos fuimos a Punta Cocos, la zona suroeste de la islita. Allí nos hicimos amigos de unos flamencos muy rosas y muy tranquilos. Era muy bonito porque además de que el paisaje es bastante espectáculo, hay una persona encargada de que nadie se acerque demasiado a los flamencos, haya mucho ruido y ese tipo de cosas de origen humano. Así que estábamos todos ahí sentaditos, admirando a los flamencos con mucha calma.

La otra parte del disfrute holboxero es que conocimos a la familia que hay detrás de 3erresenruta y theworldsavourer. Nos enamoramos locamente de R, disfrutamos de la playa que hay al lado del pueblo, comimos los típicos camarones con coco y la pizza de camarón, muy conocidos de la isla pero un poco pediocretes, y hablamos hasta quedarnos afónicos y perseguimos a R hasta que le llegó la hora de dormir. Ens veiem a Gràcia!

Por cierto, el alojamiento en Holbox es relativamente caro. Nosotros nos alojamos en el hotel Alcobas del Mar la primera noche por 55€ (¡dolor!), y en el AirBnb más barato que encontramos la segunda. Resérvalo con tiempo, porque nuestros amiguetes de 3erresenruta se lo montaron mejor que nosotros al improvisar un poquiiito menos que los que escriben.

Tras ese par de días isleños, deshicimos camino hasta llegar de nuevo a Chiquilá, y de ahí tomamos un autocar hasta Cancún. ¡Nuestro último trayecto por México!

Cancún. Del día 27 al día 28.

Cancún es, probablemente, el destino más mediocre de toda nuestra rutita por México. La gente viene aquí a disfrutar de la zona hotelera, los resorts de pulserita y morrallas similares. Nosotros no lo hemos vivido nunca así que tampoco podemos opinar, pero la verdad es que debe ser una pena quedarse en la ciudad de Cancún con lo grande que es México y lo distinto que es cada lugar.

En Cancún descansamos antes de volar a Estados Unidos. Dormimos en el Eco-hotel El Rey del Caribe, que tiene un jardín precioso y encima incluye el desayuno, cenamos un ramen bastante bueno en el Yamamoto, y la verdad es que hicimos poca cosa más. Nuestro objetivo en Cancún era mandar unas postales que arrastramos desde varios países, y oye, ¡lo conseguimos! Que retos más simples te propones cuando viajas, ¿eh?




Y así terminó nuestra rutita por México. Empezó muy fuerte en Ciudad de México, siguió por Mérida con pequeñas explosiones de cultura, llegó a su punto álgido en Bacalar, y se dejó querer en Cozumel y Holbox, ¡y terminó en un vuelo bonitísimo que nos llevaría a abrazarnos con la familia en Nueva York!

Habiendo recorrido México durante un mes, la verdad es que no sabríamos qué mejorar de lo que hicimos. Bueno, la clave sería llegar a Cozumel con el cuerpecito al 100% para disfrutar de varios días de submarinismo, a poder ser con el Open Water a mano o preparados para certificarse, y si eres muy playero, mirar a ver qué tal está el sargazo antes de comprar el vuelo. Pero la verdad, si nos preguntas qué nos hubiéramos saltado... Valladolid, pero tan sólo le dedicamos una noche. El resto, ¡genial! México se ha convertido en uno de los países favoritos del viaje. ¡Esperamos que a tí te guste tanto como a nosotros! Y por cierto, no tengas miedo por el picante; ¡lo sirven a parte!

San José, Costa Rica

Guía de viaje de Costa Rica

¡Bienvenidos a Costa Rica! Nuestro paso por Costa Rica fue muy, muy fugaz. Vinimos porque queríamos cruzarnos con Eva, Juanete, Pablo y Violeta de Arreveure, unos amigos de nuestra ex-vida en Barcelona, y con Carolina y Osmany, dos amigos de nuestra vida viajera que conocimos en Corea del Sur. Y como teníamos muchas ganas de México lindo, vinimos a Costa Rica solo cuatro días, para dar besos, abrazos, ¡y volar! Así que esta guía, aunque la hayamos escrito con todo el amor del mundo, es lo que aprendimos de Costa Rica durante menos de una semana. ¡Qué modo tan rápido de viajar!

Nuestro paseíllo por El Silencio, en la zona del volcán Arenal


La cultura y las personas

Oh, ¡la felicidad costarricense! En Costa Rica, a parte de algún caso excepcional, todo el mundo estaba de muy buen rollo. Y además, muy orgullosos de su país, tanto de la gente como de la biodiversidad que hay. Una de nuestras primeras conversaciones fue con el camarero de un restaurante mexicano (¿ves como teníamos muchas ganas de México?), y estuvimos como cinco minutos hablando de lo bonito que era Costa Rica y lo muchísimo que había por ver.

A parte de la gente que conocimos fugazmente, imagina lo bonitos que serían nuestros amigos costarricenses surcoreanos, si los conocimos en Asia y quisimos venir a verlos a América Central! ¡Y ahora queremos que vengan ellos a Barcelona...!

¡Tú también te los querrías llevar a casa!


La economía y los dineros

En Costa Rica pasa algo muy curioso: se puede pagar tanto en la moneda local, el colón, como en dólares americanos. Si eliges la segunda opción te aplicarán su cambio de moneda y te devolverán el cambio en colones. Es cómodo los primeros días, hasta que consigues cambiar moneda, pero claro, no sale a cuenta.

En los cajeros costarricenses podrás sacar dinero tanto en colones como en dólares americanos. Lo que claro, si lo sacas en dólares americanos te hacen su conversión, así que no lo probamos. Como nuestra estadía fue tan fugaz, tan sólo sacamos 35.000 colones, que son unos 53€, y con eso y pagar con tarjeta ya sobrevivimos. Lo que ten en cuenta que no se puede pagar con tarjeta en todos lados. Por ejemplo, en ningún de los dos hoteles en los que nos hospedamos pudimos pagar con tarjeta. Pero claro, también eran muy humildes. A lo mejor en los más normales sí que se puede.

Presupuesto

Llegamos a Costa Rica desde Bocas del Toro. La lancha y furgoneta desde Bocas del Toro hasta Puerto Viejo nos costó 36€ en total. El vuelo de salida, de San José a Ciudad de México nos costó 278€ en total.

En nuestra estadía de cinco días y cuatro noches en Costa Rica nos gastamos 289€. Como nosotros dividimos los costes en días completos, podríamos decir que nos gastamos 72€ al día, que es bastante poco contando con que alquilamos un coche. Por otra parte, tres de los cuatro hoteles a los que fuimos fueron muy baratos, entre 25 y 30€ la noche, que es muy poco por Costa Rica.

Dormir

Nos esperamos que dormir a lo mochilero fuera muy caro, pero por suerte, no fue así. La primera noche, en Puerto Viejo, dormimos en el bonito y pijín Hotel Banana Azul. Se disparó un poco del presupuesto, pero era un sitio preciosín. Las otras tres noches estuvimos en hoteles muy humildes: el Hotel Siesta, el hotel más barato de San José, el Allamanda Rooms, un hotel familiar de una familia preciosa en La Fortuna, y el Hilda's Bed & Breakfast, otro hotel familiar al lado del aeropuerto internacional.

Seguridad

Cero problemas. Todo muy buenas vibras, palabras bonitas, sonrisas sinceras... En Costa Rica todo es muy verde, y la gente también.

Bueno, ahora que lo pensamos, nos contaron que el barrio en el que dormimos en San José, además, era el más seguro de todos... así que digamos que nuestra opinión es muy sesgada. Pero bueno, el tema es que tampoco te vayas a pasar el día en sitios peligrosos. Pregunta y ala. ¡Ah! Y si quieres saber cuál era el barrio tan tranquilo de San José, mira la ubicación de nuestro hotel.

Idioma

¡Ostras, que risas! En Costa Rica se habla muy como nosotros, pero hacen el sonido de la R un poco distinto. Al principio nos pensábamos que era algo de alguien, pero luego vimos que es algo generalizado. En todo caso, no hay ningún problema en entenderlo todo.

Cada vez que escribimos esta sección en un país americano, nos acordamos de Chile. Que raro hablaban ahí, ¡po!

Transporte

Costa Rica parece un país pequeñín, pero moverse se cobra bastantes horas. Las carreteras tienen solo un carril por dirección, y la velocidad máxima es de 80km/h. Olvídate de teletransportarte de un sitio a otro.

Nosotros fuimos de Puerto Viejo a San José en un autobús público que costó $12 por persona, y tardó como cinco horas. Para que te hagas una idea, lo mismo pero en furgoneta privada costaba $59. ¡Atraco a mano armada!

Para movernos por libre para ver a nuestros amiguetes autocaravaneros alquilamos un coche en Sixt, que quedaba al lado del hotel de San José. El cochecito nos costó $54 por dos días, incluyendo seguro del propio coche. Normalmente no lo contratamos, pero se ve que en Costa Rica es obligatorio en el caso de que tu tarjeta de crédito no tenga un seguro a tu vehículo. Muy loco. Pero ve avisado... Nosotros no lo contratamos cuando reservamos por la web y, después en la oficina de Sixt, nos querían añadir el seguro por ocho veces el precio que aparecía en la web. Tuvimos que discutirnos un poco para llegar a la conclusión de que cancelaran sin coste la reserva que hicimos vía web, y que hiciéramos otra reserva nueva, pero añadiendo el seguro en el mismo momento que reservábamos. ¡Que listos...!

La comida

Ostras, punto un poco negativo para Costa Rica. El país está infestado de McDonalds, Pizza Huts, KFC y otros restaurantes locales, pero también de comida rápida. Mal, mal.

A parte de eso, el plato tradicional es lo que llaman casado. Es un plato combinado con frijoles, arroz, la carne que elijas, plátano frito, a veces un poco de pasta... una explosión de mediocridad.

Casado de pollo en el Casona Mía, un restaurante de carretera


El agua

La verdad es que con el poco tiempo que estuvimos ahí, nunca bebimos agua del grifo. Costa Rica está ahí ahí entre primer mundo y tercero, y no te sabríamos decir si sería conveniente beber agua corriente. Que te crees, ¿que este es un blog de esos que buscamos cosas en Wikipedia para contártelo? ¡Nada de eso!

Sanidad

Como pasamos tan rápido por Costa Rica no pudimos hacer nuestra prueba del Symbicort... pero amigo, no vayas a sufrir: nuestro sexto sentido mochilero nos indica que no te va a faltar de nada en Costa Rica. ¡Tanta gente feliz viviendo ahí no puede estar equivocada!

Internet

Tal como cruzamos la frontera costarricense fuimos a una tienda del pueblo y compramos una tarjeta SIM de Kölbi, la empresa que anteriormente era del estado y que tiene un logo muy pero que muy cuqui. Entre la SIM y dos gigas de internet nos gastamos 5.000 colones, que son 7,50€. No es barato, pero ostras, es que la app de Booking se baja las fotos a una calidad absurda y como queríamos improvisar...

Visados

Nada, cero, gratis, libre. Entrar a Costa Rica no nos costó nada, y encima, ni nos preguntaron por el vuelo de salida. Eso sí, cuenta que nosotros entramos por la frontera de la costa norte de Panamá, viniendo de Bocas del Toro, y bueno... digamos que es muy pero que muy humilde. Había gente que ni se paraba a que le sellaran.

Nuestra entrada triunfal a Costa Rica


La ruta

Nuestra ruta fugaz fue llegar a Puerto Viejo desde Bocas del Toro, ir en bus público hasta San José a ver unos amiguetes, alquilar un coche e dirigirnos a La Fortuna a ver otros amiguetes, y volver a San José para volar el día siguiente hacia México. Es una ruta que sólo te recomendamos si vas a ver a nuestros amigos, y por una de esas casualidades, aún están en los mismos lugares.

¿Lo recomendamos?

Hombre, lo que vimos nosotros no fue muy especial. El ambiente que hay está un poco como americanizado. Una playa a la que fuimos y no hizo sol, así que no nos dejó muy locos. Cosa difícil viniendo de Bocas del Toro en Panamá, por cierto... La comida no es muy especial... Los animales típicos de la zona los habíamos visto en el Amazonas... No sabríamos qué decirte. A lo mejor es que el contexto no fuera muy bueno para nosotros, y sobretodo, que no le dedicamos al país el tiempo que se merece, así que en principio te diríamos que no lo recomendamos demasiado, pero que en el caso de Costa Rica, tampoco nos hagas mucho caso. Ignóranos y ve a lo loco, que nosotros es lo que hacemos y nos va genial, jijiji!

Bocas del Toro, Panama

Guía de viaje de Panamá

Antes de venir a Panamá, la única fotografía que nos venía a la mente de Panamá era, por alguna razón, los sombreros blancos de señor que sabe vivir bien. Sabíamos que había un riachuelo fake, de mentira, por donde pasaban barquitos para ir de un lado al otro... pero ya. No habíamos escuchado nunca ninguna mención a San Blas ni a Bocas del Toro, y ahora que estamos aquí, la verdad es que nos da un poco de cosa tener un poco de prisa por marchar. La de veces que hemos estado incómodos en algún sitio, y ahora, la de lugares en los que nos quedaríamos!

Para el recuerdo: vinimos a Panamá única y exclusivamente porque era más barato volar hasta Panamá desde Colombia y entonces tomar un autocar hasta Costa Rica, que volar de Colombia directamente a Costa Rica. ¡Paramos en Panamá y así vemos otro país! Y eso hicimos. Lo que... como siempre, nos liamos. Nos hablaron de Bocas del Toro, y decidimos dar un poco más de vuelta pero disfrutar un poco más de la costa caribeña. Y por lo que dicen, ¡más barata que la costarricense!

El camino hacia Playa Estrella, en Bocas del Toro


La cultura y las personas

De los panameños no podemos decir nada feo. La primera impresión fue al subimos al Uber que nos llevaría al primer hotel en Ciudad de Panamá. El conductor fue un amor. Al llegar al hotel, el chico que nos recibió resultó también ser un amor, al igual que la mayoría de personas con las que nos cruzamos por el camino. Incluso la gente que vende cosas es un amor.

Y como es un amor, nos deja tomarnos una foto con ella


La economía y los dineros

Este es un punto muy loco de Panamá, sobre el que habíamos leído, pero realmente no sabíamos cómo era en realidad. En Panamá, la moneda oficial es el Balboa, y hay monedas que van desde 1 céntimo de balboa hasta un balboa entero. Un balboa equivale a un dólar estadounidense, independientemente del precio del dólar. Siempre vale igual. Y como no hay billetes de 5, 10 o 20 balboas, simplemente usan billetes de dólar. ¡Que loco! Así que indistintamente, vas a encontrar precios en $ o en B/.

Tenemos algo que contarte sobre los cajeros: casi todos nos cobraban entre $4 y $5 de comisión, excepto uno, el banco BAC, dónde pudimos sacar dinero gratis. A lo mejor hay más y no los vimos, pero si tienes que hacerte una chuleta, apúntate este.

Presupuesto

El avión desde Santa Marta, Colombia hasta Ciudad de Panamá nos costó 306€, y el trayecto de lancha y furgoneta desde Bocas del Toro hasta Puerto Viejo, Costa Rica, 36€. Cuando dejemos Panamá, ¡actualizamos la sección con los números finales!

Dormir

Dormir en Panamá es un poco caro comparado con el resto de países que hemos visitado. Las cosas bonitas están entre los 40 y los 50€. Nosotros, como no estuvimos demasiado tiempo en Panamá sólo dormimos en dos hoteles, y como acertamos un montón te los recomendamos los dos. Dales un vistazo. El primero es el Ibrais, en Ciudad de Panamá, y el segundo el Stay Bocas, en Bocas del Toro.

Seguridad

Cero problemas. Nosotros estuvimos por la zona del Cangrejo en Ciudad de Panamá y en Bocas Town de Bocas del Toro, y podíamos salir por la noche sin vigilar demasiado. Tampoco vimos malas miradas... todo bien. Algún loco en la terminal de autobús, pero ya es la expectativa, ¿no? Ponen los locos antes de levantar el edificio; esto es así.

Idioma

¡Nos encanta el español que se habla en Panamá! Es como el de casa, pero con un acento caribeño en vez de catalán. ¡Sorpresón! Oh, y a las cosas las llaman por su nombre. Nada de frutilla, choclo, palta... alguna papa, pero ya está.

Transporte

Muchísima gente se mueve por Panamá en autocar. En Ciudad de Panamá salen desde la Terminal de Albrook. Nuestra intención era tomar el bus a San José, Costa Rica por $55, pero nos decantamos por un trayecto de 12 horitas hasta Bocas del Toro, por $24 más $6,50 de la lancha. Los autocares hacen paradas para comer en sitios baratitos, tipo cantina, y son muy cómodos. ¡Muy bien! Que contentos se nos ve con Panamá, ¿no?

La comida

Pues no, no estamos tan contentos con Panamá. Un ramen que probamos y no estaba demasiado bien, varios restaurantes en Bocas del Toro bastante decepcionantes... y es raro que nos equivoquemos, porque entre lo millenials que somos, todo el día mirando estrellitas en Google Maps, y que siempre preguntamos al equipo del hotel a dónde ir...

El único sitio que te podemos recomendar sin miedo es el Sen Vietnam, un vietnamita que hace unas Pho buenísimas, y el Jardín Vegetariano, un sitio muy humilde dónde una señora súper amable de taiwán te sirve lo que señales por $0,75 la ración.

¡No todo es tan caro en Panamá!


El agua

En todos los hoteles a los que fuimos había una fuente de agua fresquita. Así que damos por supuesto que nos invitaban a no beber agua del grifo nunca jamás...

Sanidad

Genialísimo. Y encima, muy barato. En Panamá disfrutamos los dos de unos resfriados importantes, acompañados por fiebres que superaban los 39 grados, y como queremos durar mucho, fuímos a una clínica. Era la típica clínica pequeñita, lo máximo que se puede esperar de Bocas del Toro, como te lo esperarías de Cadaqués. Pues bien, tras hacernos mil preguntas y hacernos varias pruebas, el precio nos sorprendió: $25 por cabeza. Por ser Panamá nos esperábamos, no sé... ¿$70? Al pagar nos acordamos del post que escribimos meses ha sobre no contratar ningún seguro médico.

En ese preciso instante, Roc disfrutaba de 39,1 grados


Internet

¡Primer mundo! ¡Civilización! ¡Ceros y unos a cholón! Tanto en Ciudad de Panamá como en Bocas del Toro hemos tenido un Wi-Fi increíble en el hotel. ¡Como no lo teníamos desde Lima! Que ilusión.

Si lo que quieres es comprar una tarjeta SIM, esto también te va a gustar: todas las empresas ofrecen tarifas similares, y la tarifa es de 7 días de internet ilimitado por $5. Sí sí, internet ilimitado, hoygan! Lo que pasa es que si haces como nosotros, que compras una SIM y con ella compartes la conexión via Wi-Fi, estas tarjetas vienen capadas, y no puedes hacerlo. La buena noticia es que buscamos por internet y llegamos a este video de Youtube, dónde un señor nos cuenta cómo hacer una pirula para que funcione el tethering para SIMs Claro.

¡Por cierto! Nosotros compramos, de nuevo, una SIM Claro para Panamá. Haciendo la pirula pudimos compartir la conexión via tethering, pero Telegram y WhatsApp no funcionaban. Oh, y en todos lados teníamos buenísima conexión, excepto en la zona de Red Frog de la isla Bastimentos de Bocas del Toro, dónde tuvimos que pedirle a una señora que tenía una SIM +Móvil que por favor, llamara a nuestra barca para que nos viniera a buscar.

Visados

Problemón muy serio a la vista. Si no tienes vuelo de salida de Costa Rica, ni tan solo te dejan volar hacia allí. Nosotros nos encontramos el percal el día que íbamos a dejar Colombia. Ya con el check-in hecho vía web, en el mostrador de la aerolínea, al facturar las mochilas, nos preguntaron si teníamos vuelo de salida. Al decir que no, nos dijeron que fuéramos a comprar uno a alguna de las aerolíneas que había en el aeropuerto, o que lo compráramos por internet, pero que sin vuelo de salida no podríamos entrar a Panamá.

Discutimos todo lo discutible: que teníamos un montón de vuelos comprados por Estados Unidos para fechas posteriores, que ya lo hablaríamos con Migración de Panamá al llegar... o como teníamos que hacer una escala de tres horas en Bogotá, que nos dejaran hacer el primer vuelo, ¡y que ya conseguiríamos los vuelos de salida antes del segundo! Pero no.

¿Qué hicimos? Compramos unos vuelos de esos que son válidos durante 24 horas en BestOnwardTicket. La experiencia en la web fue fatal: pagamos pero no recibimos ningún email conforme habían recibido el pago, les tuvimos que escribir explicando que habíamos pagado pero que no habíamos recibido nada... pasó como un cuarto de hora o vente minutos y no recibíamos nada... y con los nervios a flor de piel, al minuto de que cerrara el embarque, nos llegó un email con un vuelo para dos personas de Ciudad de Panamá a Amsterdam. ¡Perfecto! Y así pudimos volar a Panamá, ¡nerviosos y contentos...!

A todo esto, un poco de alegría: no hace falta visado para entrar a Panamá. ¡Pero sí un vuelo de salida! ¿Te lo hemos contado, verdad verdad verdad?

La ruta

Nuestra ruta por Panamá fue muy simple. Estuvimos en Ciudad de Panamá 4 días y en Bocas del Toro 6 días. La pena es que los últimos 4 días en Bocas fue para recuperarnos de un gripazo que nos dejó a 39,5 grados de fiebre...

¿Lo recomendamos?

¡Muchísimo más de lo que nos esperábamos! Por poco no ubicábamos Panamá en el mapa, ¡y resulta que ahora es un súper destino! Ojo, Panamá no es muy mochilero-friendly. Para ir a hacer el purdi en sitios baratos, mejor elige un país asiático al azar. Pero en un año y medio de viaje, pocas playas como las de Bocas del Toro hemos visto por el mundo. Y mira que todo el mundo habla maravillas de San Blas... así que si puedes dedicarle tiempo, Panamá no defraudará. Ojo, y si defrauda, Costa Rica cae al lado y por lo que nos cuentan, es una maravilla de la naturaleza. Así que mira a ver si puedes volar a uno de los países, marchar desde el otro, ¡y que vacaciones te has montado en un momento!

El Caribe dedicándole un guiño a los lectores de este post

Palomino, La Guajira, Colombia

Los mejores hoteles de Colombia

Amigo, una de las cosas más duras de viajar es encontrar dónde dormir, así que vamos a empezar una sección para cada uno de los países dónde pondremos una lista de los hoteles dónde hemos estado y que te podemos recomendar. Los que no nos gustaron no te los diremos, ¿vale? Así, todo lo que aparezca en esta lista, es un sitio dónde estarás genial... o al menos, tan genial como nos gusta viajar a nosotros.

El presupuesto siempre va a estar entre 20 o 25€ y 40€ como máximo, para que puedas seguir dando la vuelta al mundo a nuestro ritmo, y sobretodo, poder llegar a casa. ¡Que quedarse a medias sería una lástima, con lo que ha costado empezar!
El primer post de la serie lo vamos a dedicar a Colombia. ¿La razón? Pues porque ahora mismo estamos en la cama de uno de los hoteles colombianos que te vamos a recomendar. Seguramente, los otros post no tendrán esta pequeña turra de introducción, aunque quién sabe...

Pirañita HostelLeticia.

¡Nuestro primer hostel en Colombia! El Pirañita es una casita de cuatro plantas regentada por una familia. Las habitaciones son humildes, al igual que el desayuno, pero las habitaciones tienen aire acondicionado. Internet no va muy bien, pero es que en Leticia todos los hoteles van por satélite, y eso siempre es una castaña. A todo esto, la familia es muy maja. Nos recomendaron sitios bonitos para comer, nos gestionaron el taxi... ¡muy bien! Click aquí para reservar.

Akel House HotelCartagena de las Indias.

¡Que recuerdos! En Akel House tuvimos la oportunidad de apalancarnos un poco, ¡y qué camas! Internet iba como el rayo, el desayuno estaba muy bien, el equipo se enrolló mucho dejándonos mandar ahí nuestra tarjeta Revolut un día que nos la copiaron... genial. Y el día que decidimos marchar, nos consiguieron una furgoneta hasta el P. N. Tayrona por el mismo precio que la gente de la calle. Click aquí para reservar.

Eco Hotel ChayramaP. N. Tayrona.

En este hotel vinimos por dos días, y terminamos quedándonos cinco. Lo lleva una familia preciosa que te ayuda a organizar tu entrada al Parque Nacional Tayrona por distintos sitios. Además, conocen a mucha gente de la zona que organiza otras actividades: una excursión a visitar el proceso de preparación del cacao, otra excursión a la Playa Cristal pero en barco en vez de en motocicleta... ¡Oh! Y si te gustan los animales, te va a encantar. Tienen a Max a.k.a. Emilio, un golden retriever precioso, tres perros negros pequeñitos y Coqui, una guacamaya colombiana que es una atracción por sí sola. ¡Ah! Y el restaurante era genial y a precio normal y corriente. Click aquí para reservar.

El hotel Chayrama desde la zona del restaurante

La Sirena Eco Hotel & RetreatPalomino.

Nuestro último hotel de Colombia, y de nuevo, vinimos por dos días y nos quedamos cinco. Es un hotel en la misma playa de Palomino, pero a unos cinco minutos de la calle principal. Por esa razón, la playa no está a petar como los otros hoteles. El desayuno está muy bien, el Wi-Fi normalmente va rápido pero a veces cae... y tienen un gato que se llama Mus que está todo el día persiguiendo animalitos. Un sitio para ir y dejar que pasen los días. Click aquí para reservar.

El atarceder desde la cabaña dónde escribimos estas líneas

Cartagena de las Indias, Colombia

Guía de viaje de Colombia

¡Bienvenido a Colombia, tierra de antiguos narcóticos, muchísimo verde verde súper verde, un trozo de selva amazónica, y otro de playa caribeña!

El cabo San Juan, el destino más turístico del P. N. Tayrona


La cultura y las personas

Viniendo de Perú, los colombianos nos han parecido la gente más bonita del mundo. El cambio llegando a Leticia desde Iquitos fue increíble. ¿Cómo puede ser que estando tan cerca, sean tan diferentes?

En Colombia hay muy buen ambiente. La gente tiene tiempo para preguntarte de dónde vienes, te ríen las chorradas que les digas, y en general, encuentras muy buen rollo en la calle. La otra cara de la moneda es que en los lugares turísticos, como en el casco antiguo de Cartagena, te dan muchísimo la turra intentando venderte souvenirs, tours y mierdas parecidas.

Colombianos haciendo barrio en la Plaza de la Santísima Trinidad de Cartagena


La economía y los dineros

Por lo general, se puede pagar en tarjeta en la mayoría de sitios. Y es una suerte, porque sacar dinero del cajero normalmente cuesta entre 13.000 y 14.000 pesos por transacción, que serían unos 3,50€. Hemos buscado bancos que no aplicaran ninguna comisión, y sólo hemos encontrado uno, Davivienda. Los demás cobran todos precios parecidos.

Nos hemos animado a hacer lo que empezamos en la guía de Perú: una lista de las comisiones que aplican distintos bancos colombianos. ¡Ahí va!

Banco Bogotá: 13.200 pesos de comisión con límite de 600.000 pesos por extracción
Bancolombia: 14.520 pesos de comisión con límite de 600.000 pesos por extracción
Davivienda: ¡400.000 pesos sin comisión!
BBVA: ¡300.000 pesos sin comisión!

Presupuesto

Primero el llegar y salir, que para ti serán números distintos: Llegar a Colombia en lancha desde Perú nos costó 81€. Dejar Colombia en un avión hasta Panamá nos costó 306€. 

Y ahora, ¡vivir en Colombia! En los 18 días que estuvimos disfrutando de Colombia nos gastamos 1.569€, unos 87€ al día.

Dormir

Encontrar alojamiento en Colombia no ha sido tan duro como otras veces, y la verdad es que todos los hoteles a los que hemos ido nos han gustado. Tanto, que en dos de ellos íbamos a estar dos días y terminamos estando cinco. Si quieres saber más sobre hoteles, lo hemos juntado todo en este post, con links y todo.

Seguridad

Bueno, habiendo estado en los barrios más seguros de cada sitio, bien... pero todo el mundo nos ha dicho que vigiláramos mucho si nos acercábamos a Bogotá. En Cartagena hay los típicos pesaos que te comentábamos, que te intentan vender cosas y resultan muy desagradables, pero ya está.

Lo importante en Colombia es no dar papaya. What? Ellos entienden que dar papaya es darle a alguien la oportunidad de que te robe o se aproveche de ti. Vamos, que no vayas dejando el móvil encima de la mesa ni cosas así.

Por cierto, nosotros nos movimos por Leticia, Cartagena y la zona de Santa Marta y Palomino, y es muy seguro. Pero nuestros amiguetes Otakutravelers nos dijeron que en Bogotá se respira bastante mal rollo. ¡Avisado quedas!

Policía dando vueltas en quad por la playa de Palomino. Van muy fresquitos.


Idioma

En Colombia ya vemos que la gente usa las palabras caribeñas que tanto echábamos de menos, como en el temazo de Salsa Tequila. Ya tenemos cerca el acento cubano, y por fin, llaman al aguacate por su nombre, y no "palta" como en tantos países del nuevo continente... ahora Carrefour.

Y tras unas semanas en Colombia, la verdad es que queremos apuntar que tras Chile, Bolivia y Perú, Colombia son los más fáciles de entender. Usan casi las mismas palabras que nosotros, no dicen "pó" al final de cada frase, no hablan ni quechua ni aymara ni nada raro... Normal. Lo que viene a ser gente normal.

Todos hacemos faltitas de vez en cuando


Transporte

Por Colombia nos hemos movido en todo tipo de transportes: en lancha, barca, motokar taxi, furgoneta... y como no, avión. Los precios no son muy locos. Para ponerte un ejemplo, ir en una furgoneta turística desde Cartagena hasta Tayrona, que fueron cinco horas de viaje, costó 69.000 pesos por cabeza, que equivale a 18,26€. Sobre los vuelos locales, son bastante económicos. Por ejemplo, encontramos vuelos desde Cartagena a las islas de San Andrés por unos 60€.

La vida moderna es ir cinco en una moto

Si lo que quieres es moverte muchísimo, todos los pueblos y ciudades se unen mediante autocares bastante económicos. Aunque claro, ten presente que Colombia es bastante grande...

La comida

¡Oh, la comida colombiana! La gastronomía no es una razón para viajar a Colombia, pero si ya estás por aquí, vas a disfrutar de sus extravagancias.

Antes de asustarte un poco, es importante comentarte que hemos comido muy bien. Las raciones normalmente son platos combinados con frijoles, arroz, ensalada de aguacate y cebolla, y un trozo de ternera, chorizo, cerdo o un pescado. Por supuesto, la calidad de la carne va en relación a lo que pagues. Hemos comido menús por 2,50€ por persona, pero claro, la carne era humilde, de esas secas que hacen bola... ¿pero acaso te quejarás?

Como nuestro paso por Colombia estuvo siempre muy cerca del Amazonas y del Caribe, siempre tuvimos muy cerca pescados muy raros y curiosos. Hoy mismo hemos comido pargo rojo y sierra, dos pescados propios de la región caribeña. Si te gusta el pescado, vas a disfrutar, porque un plato de pescado fresco acompañado de arroz y frijoles y cosas cuesta unos 5€ como máximo.

Ahora sí, vamos a hablar de cosas locas. En la zona amazónica comen un gusano enorme que ellos llaman mojojoy. Por lo que hablamos con la gente de Leticia, es bastante común de comer, y al paladar es como si fuera una bola de mantequilla que explota al morderlo. Yummy! Los mojojoy viven dentro de unas palmeras que se llaman aguaje, de las que hacen un zumo que dice que te vuelve homosexual... muy del pasado. ¡Por cierto! En Perú lo llaman suri, pero es lo mismo.

Los mojojoy se comen fritos o crudos. Yay!

A diferencia de Perú, en Colombia nos sentimos muy cómodos probando comida callejera. Llegamos a Leticia y nos enamoramos de este señor, que hacía arepas buenísimas rellenas de queso. Cuando lo comentamos con la chica del hostel, nos dijo que eso no era nada colombiano, y que probáramos unas cosas que eran como unas crêpes, pero hechas de harina de yuca. Se llamaban mandioca. Valían 8.000 pesos (2€) las de verduras, y unos 16.000 (4€) las de ternera, cerdo o pollo.

Arepas riquísimas en un puestecido de Leticia
La mandioca, la crepe de verduras y cosas

Ostras, ¡casi nos olviamos! ¡Lo de las hormigas culonas! Sep, en Colombia es bastante típico comer un tipo de hormiga a la que llaman hormiga culona. La primera vez que las vimos fue en Cartegena, dónde un señor las vendía por la calle, dentro de una caja. Otro día, el dueño del hostel al que fuimos nos enseñó una de cerca... y le hicimos esta foto, para que te hagas a la idea. Dicen que están bien... pero a nosotros no nos parecía tan genial. Si no nos comemos las hormigas de casa, ¿por qué nos comeríamos las colombianas? Sería injusto y cruel.

Una hormiga culona y Emilio, el señor que regentaba el hotel

El agua

Psss mal rollito. Solo en Medellín y en Bogotá hay agua de calidad. En el resto, es mejor que bebas agua embotellada. Cosa que también es tristona, porque la mayoría de botellas son de agua tratada en vez de agua mineral, y saben un poco a rayos.

Sanidad

No sabemos cómo ha podido suceder, pero en tres semanas que llevamos en Colombia, no hemos visto ni un hospital. ¡Ojo! Y mira que en todos los países en algún momento pasabas por delante de un hospital. Y lo mismo sobre farmacias, las que hemos visto no parecía que fueran a tener Symbicort. Pero tampoco te preocupes, no vas a venir a Colombia a ponerte malo y, si enfermas, tampoco vas a ser el único enfermo de todo el país. Lo que pasa es que como nos gusta ser muy subjetivos y opinionated, no te vamos a mentir: no hemos visto ni un hospital en Colombia.

Internet

En las ciudades, la conexión va como el rayo. En Cartagena pudimos bajarnos el último capítulo de Juego de Tronos en 7 minutos. ¡Nos sentíamos como en casa! En cambio, en Leticia, que está en medio de la selva, tenían que conectarse a internet por satélite e iba muy, muy a pedales. Lo mismo con nuestra SIM: en las ciudades iba genial, pero en la selva iba muy pero que muy mal, si es que funcionaba.

Sobre nuestra SIM: compramos la de Claro, la única empresa que ofrece algo de cobertura en áreas remotas como Leticia. La SIM costó 5.000 pesos (1,32€), y la cargamos con 2GB durante 15 días por 20.000 pesos.

Visados

¡Gratis! El único problema es que cuando llegamos a Leticia en lancha desde Iquitos, nos encontramos la caseta de la policía cerrada. Cierran a las 17:00. Así que tuvimos que volver al día siguiente para que nos sellaran la salida de Perú y la entrada en Colombia. Sí, durmimos en Colombia sin el sello de entrada... y no pasó nada. Sudamérica es un poco can pixa, recuérdalo.

El puesto fronterizo de Leticia. No se ve serio, ¿verdad?


La ruta

Como veníamos del frío y teníamos muchas ganas de apalancarnos en la playa, nuestro plan fue volar hacia la zona caribeña en cuanto tuviéramos la oportunidad. Así que llegamos por Leticia, nos quedamos unos días a ver si la lluvia nos dejaba visitar la selva amazónica colombiana, y como no nos dejó, volamos a Cartagena. Ahí vivimos un poco la vida medio ciudad medio pueblo, y de ahí nos fuimos al Parque Nacional Tayrona. Pasamos unos días, fuimos a Palomino, nos tumbamos durante cinco días a no hacer nada, y nos fuimos a Panamá. ¡Que tranquila nuestra vida colombiana!

¿Lo recomendamos?

Sí. Hay muchísimas pero que muchísimas cosas por hacer en Colombia. Nosotros nos lo tomamos muy con la calma, pero los amiguetes Otakutravelers se pasaron un mes y medio recorriéndola, y mira que ellos no paran ni para comer. ¿Volveríamos? Hombre, no sé. A lo mejor nos hemos cansado de viajar y Colombia no te ofrece nada demasiado de extremo, como que todo es un poco parecido a casa, pero para un viaje de vacaciones normal, de dos o tres semanas, si tienes energía, es un buen destino.

Coqui, la guacamaya colombiana del hotel Eco Hotel Chairama, al lado del P. N. Tayrona