Lilongüe, Malaui

Trifulcas en los minibuses de Malawi

¡Queridísimos lectores de este humilde blog, os debemos una disculpa!

Hace casi una semana que no escribimos ningún post. La ruta, sin actualizar. Las embajadas malauitas han recibido llamadas que se cuentan por decenas. Todo pesimismo en nuestro Instagram. Youtube, sin videos. Caos, tristeza y dudas.

Pero os explicamos qué tal nuestra vida últimamente, primero para que pongáis una velita, y segundo para que no os preocupéis. Vamos a compartir nuestra jornada Cape Maclear ➜ Senga Bay, para que veáis qué tal es esto de viajar fuera de la zona euro, lejos de la fibra óptica.

Os avisamos de que es un tocho de cuidao. Pero si queréis fotos e información rápida, ya sabéis: lo del Instagram.

Apretujados en un minibus de Malawi

Cape Maclear ➜ Monkey Bay

Tras un desayuno copioso en el hotel de Cape Maclear, hablamos con el recepcionista para que nos diga cómo llegar a la civilización. Cape Maclear está a media hora de Monkey Bay a través de un camino sin asfaltar que cruza una reserva natural, así que no es para ir andando. Además, en Cape Maclear no hay mucha vida motorizada, así que no es tan fácil como salir a la calle y subirte a un minibús o un taxi. Así que el recepcionista hace unas llamadas, y vienen sus brothers con dos motos para llevarnos a Monkey Bay, cuna de la civilización, dónde encontraremos minibuses que podrán llevarnos hasta el fin del mundo a cambio de un módico precio. Las motos nos cuestan unos K2000 por cabeza, y el precio incluye los peores cascos que has visto jamás, Indonesia incluída.


Monkey Bay ➜ Salima

Llegados a Monkey Bay, vemos que hay algunos minibuses por ahí. Los días habían sido un poco cansados, quisimos tirar de presupuesto y contratar un taxi. Pero como Monkey Bay no es una gran urbe, sólo habían minibuses. Decidimos hablar con el conductor de un minibús que iba a Salima, la ciudad anterior a Senga Bay, y nos pedía K12.000. Es un precio bastante alto por ser un minibús, así que le decimos que vale, pero sin stops. No stops, no stops, ok, no stops. Todos de acuerdo: K12.000 hasta Senga Bay pero sin parar a recoger gente. Nosotros, súper confiados, subimos al minibús, pensándonos que ahí acababan las negociaciones hasta Salima, y que a ver qué tal las vistas desde el minibús durante tres horas.

Cuando el motor arrancó, lo primero que hicimos fue ir a la gasolinera a poner gasofa. Es una práctica super común en Malaui. Si coges un taxi para hacer un trayecto algo largo, seguramente no tendrá gasolina suficiente y el viaje empezará por ir a la gasolinera. Siempre van en reserva. Siempre.

Al cabo de cinco minutos, arrancamos dirección Salima. Y a medio kilómetro, ya paramos para recoger a alguien para que subiera a la furgoneta. Al cabo de dos minutos, volvemos a parar para que suba alguien más. Le comentamos al conductor que habíamos dicho que non stop, y nos dice que eso no son stops, que es que es un business y que se tiene que mantener así. Le decimos que eso no es lo que habíamos hablado, se ríe, y nos dice que hasta Salima ya no paramos más. Al cabo de unos minutos, en la furgoneta ya somos unas 15 personas súper apretujadas, junto a sus mercancías encima de las piernas.

Nos habían tomado el pelo, y lo del non stop era fake. Y si el non stop era fake, K12.000 es un dineral. Nos teníamos que haber olido la estafa, pero no. Y ya estábamos en la furgoneta.

Pasa media hora, y llegamos a una ciudad. No sabíamos dónde estábamos, pero la furgoneta paró, y nos pidió el dinero. Sólo sabíamos que ni estábamos en Salima, ni que no estábamos haciendo un non stop. Así que les dijimos que pagaríamos al llegar a Salima, que dijimos que non stops y que estábamos parando cada dos por tres y que habían cambiado lo que teníamos pactado. Estábamos entre enfadados y asustados, porque estás en medio de la nada, en un sitio dónde la gente se habla en chechewa, dónde no hay taxis, y dónde no sabes si con quién te discutes es un desconocido en el pueblo, o un amigo de toda la vida de los que hay por ahí.

Nos quedamos dentro de la furgoneta, esperando para volver a arrancar hacia Salima. Pero no. Vienen el conductor, su ayudante, y sus amigos, para decirnos que paguemos ya, que esto no puede ser, y que el negocio de las furgonetas no se sustenta así. En resumen, que nos estaban diciendo que cuidao', que no eran el conductor y su ayudante, sino que estábamos buscando problemas con medio pueblo.

Así que decidimos bajar del minibus. Les ofrecemos K4.000 por los servicios ofrecidos, porque nos íbamos. K4.000 por los 30 kilómetros que habíamos hecho ya era un precio a nivel estafa para la minibús, así que esperábamos que la aventura terminara ahí. Discutimos un montón. Se acerca medio pueblo. Aparecen tensiones, empezamos a hablar todos un poco más alto de lo normal. Les decimos que no somos estúpidos, les damos el dinero, les decimos que see you soon, y nos vamos a una gasolinera próxima a vaciar las bufetas. A lo mejor encontramos algún transporte hasta Salima.

Mientras Anna está en el lavabo, a Roc se le acerca un alguien con camiseta negra. Como no está Anna, Roc hace como si no supiera inglés, y le contesta en catalán que él antes vivía en Ronda Guinardó, entre el camp de l'Europa i el Parc de les Aigües. Es una estrategia infalible para que no nos coman la oreja a uno de los dos mientras el otro no está. Ventajas de hablar una lengua en peligro de extinción.

Cuando Anna sale del lavabo, el chico de la camiseta negra, con una pose bastante agresiva, nos dice que le tenemos que pagar los K8.000 que faltan, porque habíamos pactado K12.000 y sólo habíamos pagado K4.000. Le explicamos que los K12.000 eran hasta Salima, y que eso no era Salima, así que K4.000 cubrían de lejos los gastos del trayecto. No nos lo sacamos de encima, give me the last money, the last money.

Estar en un sitio que no sabes ni cómo se llama porque Google Maps no te detecta, saber que la gente habla de tí y no sabes qué dicen, y hablar con gente en inglés que al momento te dejan de escuchar para escuchar al chico de negro que les dice algo en chechewa, es algo muy desagradable. Si antes estábamos entre enfadados y asustados, ahora no sabría definir cómo nos sentíamos. Pero bastante impotentes, sin saber qué hacer, ni dónde ir, ni que iba pasar los próximos diez minutos.

Al final, andamos hacia unos camioneros que nos encontramos al final de la calle principal, y le preguntamos si iban hacia Salima. Nos dijeron que no. Les preguntamos que cuánto vale un minibús Monkey Bay ➜ El pueblo de ahora, y nos dicen que unos K1.000 por persona. Esto, delante del chico de negro, así que ya sabíamos que habíamos pagado K2.000 más de lo normal, y él sabía que nosotros lo sabíamos. Así que el argumento de que nosotros éramos los ladrones ya no tenía sentido.

Volvemos hacia el pueblo, y encontramos un minibús que sale para Salima. Reconocemos al conductor: estaba en la discusión de antes, con los del minibús, y tenía cara como de indignado. Creemos que nos daba la razón a nosotros. Hablamos con su ayudante, nos dice que K1.500 hasta Salima, y nos disponemos a subir. A lo que el chico de la camiseta negra nos bloquea el paso, poniéndose entre nosotros y la puerta del minibús. Empiezan los gritos, explicamos la estafa que nos estaban haciendo a todo el mundo, decimos que el tío este pretende cobrarnos K8.000 por la cara... todo el mundo nos entiende, pero el chico de la camiseta negra no cambia de actitud. Apunta a Anna a la cara muy muy cerca... mucha tensión. Al minuto, el conductor avanza un poquitín, de modo que el chico de la camiseta negra ya no nos bloquea la puerta, su ayudante nos dice que subamos rápido, lo hacemos, y ya estamos dentro. El chico de la camiseta negra le grita cosas al ayudante del minibús, el minibús acelera, y los problemas se quedan atrás.

Ahora, estábamos dentro del minibús, todo el mundo hablaba de nosotros, comentaban que nos querían cobrar K12.000 por Monkey Bay ➜ Salima, y que qué morro tenían los de la otra furgo. Amigos, ¡por fin! Y así empezó un viaje tranquilo, donde capturamos fotos como la que sigue. En los viajes largos en minibús se hacen paradas en los pueblos que se van cruzando, y la gente te ofrece lo que tiene. Verduras, animales vivos, comida preparada...

Mercado de tomates que encontramos a medio camino en minibus

Salima ➜ Senga Bay

Al llegar a Salima, una de nuestras amigas del nuevo minibús nos dice que hasta Senga Bay son K500 por cabeza. ¡Gracias! Así que al llegar a Salima, subimos a un coche de un chico, y iniciamos la via hacia Senga Bay. Lo típico de estos coches es que todo el mundo sube ahí, el coche te deja donde puede, y te cobran lo mismo que a todos. Pues bien, a una chica la dejan en el centro de la ciudad, y a la hora de pagar al conductor le ofrece K400, en vez de K500. Y le dice en chechewa que no se queje, porque va a cobrarnos de más a nosotros, por blancos. Se lo dice en chechewa... pero se entiende. Además, los precios los dicen en inglés, así que entre hundreds y thousands, nos quedamos con todo.

¡Y total! Llegamos a Senga Bay, decidimos darle K1.100 al conductor para dejarle una propinilla... y nos pide K2.000, porque nos ha dejado en el hotel, y este está cerrado y nos tiene que llevar a otro de al lado. Qué triste.

Senga Bay ➜ Salima

Al día siguiente, el propietario del hotel dónde dormimos, con el que habíamos pactado K500 para llevarnos de nuevo a Salima, nos cambia el precio a K2.000, tanto a nosotros como a los otros tres guiris con los que compartíamos coche. El tío pasó de ganar K2.500 a K10.000. ¡Perfecto! En un brazo llevaba un montón de pulseras de oro, y en el otro, un montón de pulseras de plata. El tío necesitaba estafarnos. Las joyas no crecen solas.


¡Resumen! 

Que viajar así es un palo. Discutir un precio de antemano es lo que hay. Si no te parece bien, vas a otro sitio y ya. Pero que te pidan pasta cuando ya te han llevado a un sitio... así es Malaui. Que lo sepas, porque esto es lo que te vas a encontrar.


Este post lo hemos escrito en Lilongüe, Malaui

1 comentario:

  1. Cullons, aquí fan lo mateix i et dirien racista. Bé, m'agrada molt llegir les vostres experiències i el vostre viatge.

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